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5 dic 2010

Relato Corto III

Guerra...

Alcé la vista hacia el lejano horizonte. Las decrepitas montañas de metal y hormigón se apoyaban entre ellas en un último intento de mantenerte en pie. Los parques agostados por el calor se mostraban a los ojos en una tonalidad desértica. La guerra había llegado hasta el árido lugar donde me encontraba, pues innumerables fragmentos de terreno se iban separando con pequeñas rupturas. Parecía ser que hasta el asfalto tenía miedo al ver como actuaba el ser humano consigo mismo… La niebla adquiría gran temple gracias a la acumulación de cenizas que revoloteaban sobre el cielo. Y yo… ¿Qué puedo decir? Me encontraba perdido en medio de un lugar que antaño era una plaza, placida y tranquila donde los jóvenes jugaban sin temor y los ancianos relataban episodios. Ahora de ello solo queda el recuerdo…
Otra vez volvía a tronar el sonido lejano de las bombas. Las explosiones podía contemplarse kilómetros a la redonda y las llamas eran efímeras, pues el fuego ya se había hecho pasto de los campos y de todo aquello que no fuera ignifugo. Ahora solo seres necrotófogos y algún esclavo de su libertad vagaba en condiciones pésimas hacia su muerte, pues esta se mostraba próxima. Yo mientras tanto solo podía contemplar los rebosantes cadáveres que se mostraban en las calles vacías donde antes la gente era feliz...  

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