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28 oct 2010

Amor II

Sus ojos...


Era mediodía, y el sol, alzado con soberbia hacía alarde de su inconmensurable poder. Las temperaturas, tales como no se sucedieron en años, que mas allá de molestar, eran ya temidas por los mortales. Yo, aún así, y a riesgo de cualquier incidencia, como pudiera ser una insolación o incluso deshidratación por el extenso de aquel camino apartado y abrupto. Me dispuse sin vacilación ni titubeo a embarcarme en tal hazaña. Era cada paso mas firme que el anterior, y a cada kilómetro un rayo de esperanza. En pocas horas, ella partiría, partiendo también mi corazón en su ambigüedad. 
Debía llegar antes de que se fuera, era menester retener esos ojos que sueño y a la vez me privan de soñar por mantenerme la noche en vela...

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