Demonio...
Todo se tornaba oscuro a mi alrededor. El cielo parecía que cedía sobre nosotros. Los ojos apagados en su rostro empezaban a desvanecerse aun más. Pero no podía irse… No asi… La luz que abarcaba se desvaneció en cuestión de segundos, una fuerza que emergía del abismo se llevo a mi amada por intentar entender las leyes del ocultismo… Yo también había llegado tarde, y ahora solo podía conformarme con agarrar su mano mientras moría…
- !!Despiertaaaaaaaa¡¡ - Suplicaba con un grito que procedía de mis adentros, imposible de gritar en otro momento. Era un grito de dolor, un grito que pronunciaba mi alma, quien esta vez no podía mostrarse impasible...
Pase mi brazo sobre su cabeza haciendo que se recostara en mi regazo mientras la tambaleaba con las fuerzas que me quedaban. El tiempo estaba congelado, el minutero contemplaba la escena mientras se olvidaba de proseguir su incesante camino. Por más que intentaba reanimar el cuerpo cada vez mas frio de Cristina, mas abatido me encontraba. Las lágrimas empezaban a brotar con toda naturalidad. El llanto como si se tratase de un niño fueron mis únicas palabras. Un abrazo enérgico de amor e impotencia fue regalado en este último instante en el que ya no pude escuchar su corazón… solo el soplido del viento susurrando palabras traídas por el demonio… pero la condena que acababa de cernirse sobre mí ya era la peor de mis pesadumbres…
Me levante tras muchos minutos que jamás podría calcular. El dolor era tan pesado que apenas logre entre tumbos ponerme en pie con firmeza. Sucedí dos pasos, lentos y fríos, y me arrodille ante los dioses entre mientras todo mi rostro se tornaba lóbrego y triste, anegado por las inexorables lagrimas que se continuaban y seguirían haciéndolo durante mucho tiempo.
- ¿Por qué? – pregunte mientras tapaba mi rostro con mis manos. - ¿Por qué…? – pregunte mientras empezaba a notar la falta de aire en mi pecho…
En ese momento una sombra revoloteó como si fuera un águila. Y se materializo con una facilidad asombrosa sobre mí.
- Es el precio que uno debe de pagar por jugar con las leyes ocultas.
Yo, absorto en lo que posiblemente pudiera ser incluso una simple alucinación solo conseguí seguir escuchando. Con el semblante firme me pregunto si realmente amaba a Cristina.
- Si de verdad la amas… Te la devolveré… Con la condición de que jamás volverás a poder besarla después de que acabe este día…
Acepte la condición, y mientras mientras unas campanas burlonas se reian de mi desdicha, un alud de luz abarco el lugar que la rodeaba haciéndola levantarse como un ángel rebosante de luz. Su piel volvió a una tonalidad natural, y corrí a abrazarla. En ese momento la luz desapareció, el ser que me devolvió su calor se hizo ya intangible. Y ella se desplomó sobre mis brazos, conteniéndola con fuerza. La mire a los ojos, y esta los abrió. Volvía a estar viva… y en ese momento alzo sus labios y entre un beso maldito que ninguno de los dos quisimos evitar pronuncié…
- Si te beso moriré…
- Lo sé… - dijo mostrando una sonrisa tenebrosa que jamás se había visto en su rostro. -
