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23 sept 2012

Poesia XXV

 Caricias de mujer...

"Es buscar sin hallar, es creer hallar sin haber buscado... Igualmente damnificado cuando ves la realidad, vacua y esquiva por nacer, no por querer ser... Pero a efectos del que solo puede ver, por no querer reconocer, lo que se sabe ya sin mirar, es la misma cosa... Falacias y palabras engañosas, que dan igual, que sean en verso... o en prosa... Son para mi sentimientos convertidos en aflicción y soledad, a una velocidad vertiginosa..."

Y mientras el joven vagabundo de cabellos largos y oscuros escribia esto en su viejo y ajado diario, pensaba... a la vez que escribia...

"La culpa es realmente de aquel que espera conseguir más de lo que este mundo, viciado y nausiabundo, puede ya sacar de sus entrañas, corrompidas por un sufrimiento taciturno..."

10 may 2011

Cita III

Sentí melancolía al escuchar que no podia escucharte, y es ahora, cuando estoy solo que lloro al recordar que no te puedo tocar...

8 may 2011

Poesia XI

Fuente 
Cuando los errores sirvan para arreglar el presente...
y caminaramos ante los problemas de frente,
encontraremos una verdad siempre elocuente
Hallaremos la verdadera y eterna fuente...

25 abr 2011

Poema X

Paola

Un dia entre las estrellas brillaste en el cielo,
y al principio tuve miedo,
pero quise conocerte...

Avancé despacio, y al mirar tus ojos,
distraido y de reojo,
empezé a quererte...

Y  ahora anda entre la vida y la muerte,
un enorme sentimiento...
Cual los dioses saben que no miento,
cuando digo entre lamentos,
que tengo miedo de perderte...

22 abr 2011

Poema IX

Siempre...

Las estrellas se apagan en el cielo
los pájaros ahora a la luna cantan tristes
pidiendo palabras de consuelo...
desde que de mi lado te fuiste...

Y la Luna sabe que no regresará,
aunque entre sueños y deseos,
mi mano y mis cariacias alcanzará,
este corazón herido,
que perdido,
siempre te amará...

17 dic 2010

Relato Corto IV

 Demonio...

Todo se tornaba oscuro a mi alrededor. El cielo parecía que cedía sobre nosotros. Los ojos apagados en su rostro empezaban a desvanecerse aun más. Pero no podía irse… No asi… La luz que abarcaba se desvaneció en cuestión de segundos, una fuerza que emergía del abismo se llevo a mi amada por intentar entender las leyes del ocultismo… Yo también había llegado tarde, y ahora solo podía conformarme con agarrar su mano mientras moría…
  • !!Despiertaaaaaaaa¡¡ - Suplicaba con un grito que procedía de mis adentros, imposible de gritar en otro momento. Era un grito de dolor, un grito que pronunciaba mi alma, quien esta vez no podía mostrarse impasible...
Pase mi brazo sobre su cabeza haciendo que se recostara en mi regazo mientras la tambaleaba con las fuerzas que me quedaban. El tiempo estaba congelado, el minutero contemplaba la escena mientras se olvidaba de proseguir su incesante camino. Por más que intentaba reanimar el cuerpo cada vez mas frio de Cristina, mas abatido me encontraba. Las lágrimas empezaban a brotar con toda naturalidad. El llanto como si se tratase de un niño fueron mis únicas palabras. Un abrazo enérgico de amor e impotencia fue regalado en este último instante en el que ya no pude escuchar su corazón… solo el soplido del viento susurrando palabras traídas por el demonio… pero la condena que acababa de cernirse sobre mí ya era la peor de mis pesadumbres…
Me levante tras muchos minutos que jamás podría calcular. El dolor era tan pesado que apenas logre entre tumbos ponerme en pie con firmeza. Sucedí dos pasos, lentos y fríos, y me arrodille ante los dioses entre mientras todo mi rostro se tornaba lóbrego y triste, anegado por las inexorables lagrimas que se continuaban y seguirían haciéndolo durante mucho tiempo.
  • ¿Por qué? – pregunte mientras tapaba mi rostro con mis manos. - ¿Por qué…? – pregunte mientras empezaba a notar la falta de aire en mi pecho…
En ese momento una sombra revoloteó como si fuera un águila. Y se materializo con una facilidad asombrosa sobre mí.
  • Es el precio que uno debe de pagar por jugar con las leyes ocultas.
Yo, absorto en lo que posiblemente pudiera ser incluso una simple alucinación solo conseguí seguir escuchando. Con el semblante firme me pregunto si realmente amaba a Cristina.
  • Si de verdad la amas… Te la devolveré… Con la condición de que jamás volverás a poder besarla después de que acabe este día…
Acepte la condición, y mientras mientras unas campanas burlonas se reian de mi desdicha, un alud de luz abarco el lugar que la rodeaba haciéndola levantarse como un ángel rebosante de luz. Su piel volvió a una tonalidad natural, y corrí a abrazarla. En ese momento la luz desapareció, el ser que me devolvió su calor se hizo ya intangible. Y ella se desplomó sobre mis brazos, conteniéndola con fuerza. La mire a los ojos, y esta los abrió. Volvía a estar viva… y en ese momento alzo sus labios y entre un beso maldito que ninguno de los dos quisimos evitar pronuncié…
  • Si te beso moriré…
  • Lo sé… - dijo mostrando una sonrisa tenebrosa que jamás se había visto en su rostro. -

5 dic 2010

Relato Corto III

Guerra...

Alcé la vista hacia el lejano horizonte. Las decrepitas montañas de metal y hormigón se apoyaban entre ellas en un último intento de mantenerte en pie. Los parques agostados por el calor se mostraban a los ojos en una tonalidad desértica. La guerra había llegado hasta el árido lugar donde me encontraba, pues innumerables fragmentos de terreno se iban separando con pequeñas rupturas. Parecía ser que hasta el asfalto tenía miedo al ver como actuaba el ser humano consigo mismo… La niebla adquiría gran temple gracias a la acumulación de cenizas que revoloteaban sobre el cielo. Y yo… ¿Qué puedo decir? Me encontraba perdido en medio de un lugar que antaño era una plaza, placida y tranquila donde los jóvenes jugaban sin temor y los ancianos relataban episodios. Ahora de ello solo queda el recuerdo…
Otra vez volvía a tronar el sonido lejano de las bombas. Las explosiones podía contemplarse kilómetros a la redonda y las llamas eran efímeras, pues el fuego ya se había hecho pasto de los campos y de todo aquello que no fuera ignifugo. Ahora solo seres necrotófogos y algún esclavo de su libertad vagaba en condiciones pésimas hacia su muerte, pues esta se mostraba próxima. Yo mientras tanto solo podía contemplar los rebosantes cadáveres que se mostraban en las calles vacías donde antes la gente era feliz...  

28 oct 2010

Novela Corta II

El día más feliz de mi vida...

Hoy me parecía el día más maravilloso del mundo, viernes, diecisiete de Junio, cumplía 15 años, el sol irradiaba, mas no llegaba a hacer calor como para sentirse uno sofocado, sino más bien era un calor placentero, además, la brisa veraniega parecía embriagar a los alegres jilgueros, golondrinas y gorriones que se posaban tranquilos en las altas copas de los arboles. El verde lozano del monte se mezclaba sutilmente con el extraordinario azul del cielo… En clase los compañeros me hicieron un fantástico festejo, y los regalos brotaron de sus manos, Ana me invito a comer en concilio con casi dos decenas de amigos en el centro comercial, parecía que nada podía ir mejor, además Juan me había llamado para quedar esta misma noche… Juan… El chico con el que llevaba soñando toda mi infancia… Era delgado y esbelto, tenía un cabello hermoso, largo, que blandía dorado al viento, y sus ojos azules me embelesaban constantemente cada vez que rondaba cerca de mí. Todas mis compañeras me decían que era una ingenua por creer que algún día estaría él entre mis brazos… pero la gente a veces se equivocaba, y esta parecía ser una de esas veces. Las nubes parecían formar bellos corazones, y contemplaba atónita la infinidad del universo sobre mí… Eran apenas las siete de la tarde y el día me esperaba para que me deleitara con él. Pensé en dirigirme a casa, y así serenarme del frenético júbilo y arreglarme para la gran cita, pues solo faltaban dos horas  para el gran encuentro.
-          ¡Mama!
El grito fue mudo, pues nadie respondió. El silencio se hizo presa de mi, y un mal presagio me recorrió la espalda en forma de escalofrió, los pasos livianos y lentos de un alma que caminaba en su agonía fue lo poco que logre escuchar, los cuales me convencí a seguir, abrí la puerta que daba al pasillo, y se desplomo entre mis brazos mi madre, con la cara hinchada, un ojo morado, el cuerpo entumecido y algunas gotas de sangre que manaba. En ese momento mi cuerpo palideció ipso facto, desprendí mis irrefrenables lagrimas que intentaban reprimirse, e intente arrancar una palabra de lo sucedido, pero no quiso hablar, aunque no hacía falta que lo hiciese, pues ya sabía lo que había pasado… ¿Por qué aquel día…? No podía dejar a mi madre en estas condiciones, por lo que fui al botiquín a recoger algodones, sueros, y Betadine para curarla las heridas, la angustia crecía en mí cuando notaba los leves quejidos… Las preguntas me atormentaban, pues no era capaz de entender el porqué tenía que ser así mi vida… La lleve un vaso de agua que me fue encomendado, y me senté a su lado. La cogí de la mano, y la notaba languidecida, por lo que intente que hablara, necesitaba escucharla, pues temía que algo funesto la sucediese, tenía miedo de llamar a la ambulancia, pero era mi madre la que estaba malherida.
Agarre el teléfono del salón y me dispuse a marcar, mas con los nervios no recordaba exactamente cuál era el de la ambulancia y cual el de urgencias o el de la policía, por lo que simplemente marque,
-          -112… En caso de duda es el mejor numero- Uno, uno, dos, Asturias emergencias ¿Necesita algo? – Contesto un voz al otro lado -
-          Sí, yo… Llamaba porque mi madre esta malherida…
-          ¿Cuál es el motivo de ello?
-          -Era incapaz de mentir, tenía miedo, y rompí a llorar- La ha pegado otra vez – dije entre sollozos
Me pidió el nombre, pero no tenía fuerzas de responder nada, no podía contenerme, estaba asustada, ella me intentó tranquilizar, y conseguí a duras penas darla la dirección y algún dato más.
-          Iremo… - Colgué el teléfono tan rápido como pude, pues había llegado a casa mi padre-
El portazo pudo escucharse bien claro, estaba cabreado. Yo me escondí en el salón, con la intención de que no me encontrase, además alguien tendría que venir a mi llamada, pero el sonido de un cuadro roto, que hizo eco en mi cabeza, me impulso a salir corriendo hacia el cuarto de mi madre, para evitar que pasara nada más. Me situé delante de la puerta, y me resigne a que Antonio entrara por la puerta, pero mis intentos fueron en vano, pues no podía compararme a su fuerza, frustrada grite y le intente agredir con enfurecidos puñetazos, pero de nada serviría, simplemente, él me arrebato de la presencia de quien más quería sacándome de la habitación, y sin querer grite tras la puerta.
-          ¡No tardaran mama! ¡Aguanta!
Sé que no debí decir eso, pero la desesperación me obligo a dar un grito de consuelo a mi madre…
-          ¿A quién coño has llamado? – Se oyeron golpes repetidos, y yo no paraba de golpear la puerta, intente derribarla, y solo conseguía aumentar mi frustración. Los gritos de socorro me hacían insoportable estos momentos de agonía, los llantos de mi madre, se me atragantaban en la garganta impidiéndome respirar, y empecé a sentirme débil, gritaba, y golpeaba cada vez mas mermada, y de repente, me derrumbe en el suelo desmayada…

-          Despierta… -una dulce voz me susurro al oído-
-          ¿Dónde estoy? –dije sin abrir los ojos por temor-
-          Estas en el hospital, pero tranquila, estas bien –pude distinguir esa voz… podría distinguirla en cualquier lugar del mundo… Era Juan… -
-          ¿Dónde está mi madre? –era lo que más me preocupaba ahora-
A lo que respondió una persona que entró por la puerta, era la enfermera.
-          Está en la cama de al lado, descansando, ahora duerme, en cinco minutos iremos a verla, se pondrá bien, te desmayaste poco antes de que llegaran a tu casa los médicos. Tienes suerte de tener a un chico que te quiera tanto, ha estado todo el rato a tu lado.
-          ¿Y mi padre?
-          Lo llevaron a prisión, está en sentencia, y tiene testigos, por lo que estaréis seguras las dos durante mucho tiempo. Ya no deberás preocuparte más por él...
En ese momento Juan me cogió de la mano, y sonó el reloj, eran las doce… Y con el acabo mi cumpleaños… y tuve el mejor regalo que se me podía otorgar… a mi madre…






"Relato contra la violencia de género"

Un sueño...

Un sueño...

Desperté, si es que realmente se le consideraba despertar, pues nunca sabias donde empezaban los sueños y donde acababan. El sol nos brindaba una mañana más la alegría de la vida, y la sonrisa de mi amada me recordaba lo feliz que soy. La gente recorría las calles en busca de armonía, los jardines eran cada vez más bellos, y nadie ya recordaba la palabra tristeza. La naturaleza se entrelazaba con cada persona, y aprendimos a convivir con ella, amamos todo aquello que nos rodeaba, y el cielo no era una ventana hacia lo imposible de alcanzar, si no que era el reflejo del mundo; y las estrellas, cada uno de nuestros corazones, que brillan impetuosos… aun cuando nosotros no los vemos …

Reflexión VIII

Pobreza...


Dicen que después de la tormenta, todo se aclara, y antes de esta, todo se encuentra en calma... Pero... ¿Que debe hacerse cuando la vida es un diluvio? Cuando no puedes ver el cielo, ni siquiera recordarlo, por el hecho de que jamas lo has visto...
Después de tanto tiempo me acostumbré a caminar mojado, a arrastrarme por el barro, a sentir vergüenza, pero no de mi... si no del ser humano, que no es capaz de actuar en indiferencia de su imagen social...
Incluso ellos mismos se avergüenzan de si mismos, por ello se visten con dinero, y se presentan con el nombre de sus posesiones... Porque no son capaces de asumir que son pobres, por mucho dinero que posean...